05 noviembre 2007


Hoy era un gran día, por fin iba a conocer a mi familia, entiéndase por familia a esas personas que se supone que son los pilares de todo templo, la base de toda casa y la fuerza de cada individuo, esas personas que deben de verte crecer, pero que por circunstancias del destino yo no llegué a conocer.
La llamada me había sorprendido mucho, así que corrí hacia el salón y me tire sobre mi novio que se encontraba descansando y pensativo sobre el sofá - cama hacía ya una hora. Cuando le dije la noticia nos empezamos a reír, creo que nunca había estado tan feliz desde que lo conocí a él, así que empezamos a imaginar como podrían ser mis padres y mis hermanos mientras le masajeaba la espalda. Él apostaba que mi padre era un hombre viejo, algo canoso y medio calvo, y que vendría con camisa de cuadros y zapatillas con calcetines y que mi madre era muy flaca y más bien alta, algo clásica, y que tendría una verruga en la nariz, después de todo Jose siempre había sido muy burletero, así que no le hice caso, apenas le podía escuchar de los nervios que me habían entrado.
Salí de mi casa, era blanca con puertas y ventanas verdes, de las cuales colgaban maceteros llenos de violetas, tal y como siempre la imaginé de pequeña. Además, Jose y yo habíamos tenido mucha suerte, habíamos conseguido una casa, bonita y barata justo en el centro de la ciudad, haciendo esquina del gran edificio de Bookingam.
Por fin llegué a la estación del metro, estaba nerviosa y no veía la hora de que llegara para subirme, pero a veces parece que mientras más esperas algo más lento pasa el tiempo. De repente sonó una campana, miré a lo lejos y allá estaba, acercándose a gran velocidad el tren que me llevaría a mi nuevo paradero.
Me subí y me acomodé en el sillón, en compañía de una anciana que no dejaba de mirarme. Supongo que le llamaría la atención la eterna sonrisa que se dibujaba en mi cara.
Distraída viendo el paisaje por la ventana y ausente a la vez, conseguí conciliar el sueño y me quedé dormida. De repente una mano sobre mi hombro me sobresaltó, era la anciana, me informaba de que ya había llegado a mi parada. De un salto me bajé y me embriagué con el olor a trigo, con el aire fresco y con el maravilloso paisaje campestre, alejado del ruido, el humo y la gente. Emocionada seguí el camino hacia el poblado de Vilda, donde había alquilado un pequeño apartamento. Una vez allí, aún más excitada por la belleza del pueblo y el encanto de sus ciudadanos, decidí no desaprovechar mi inspiración y me puse a escribir poesía y de paso, una carta para mi novio en la que le decía lo feliz que estaba de que en estos momentos tan especiales para mí estuviera a mi lado.
Llevaba horas escribiendo, ya faltaba poco para conocer a mi familia, así que decidí ir a la piscina a relajarme un poco. Allí conocí a un chico, él era moreno, fuerte, con sonrisa profident y con unos ojos verdes de ensueño. No pude resistirme, entre palabra y palabra surgió el beso, y entre beso y beso nos fuimos a su apartamento, era demasiada la atracción.
De repente sonó el teléfono, y se me calló el mundo encima, por un momento había estado en el aire, dentro de una burbuja y me había olvidado de todo, de mis nervios, de mi vida, de mi familia, pero sobre todo del gran novio que tenía en mi casa esperándome, el teléfono fue la aguja que me hizo poner los pies en el suelo. Lo cogí, tenía dos mensajes, uno era de mi padre, me decía que ya habían llegado y que tenían muchas ganas de conocerme, el otro era de Jose, diciéndome que quería proponerme algo cuando llegara de nuevo a casa, porque se había dado cuenta que era la mujer de su vida. Temblando guardé el teléfono y me fui llorando a algún lugar sin nombre, huyendo de mi sombra, como esclavo que sabe que tarde o temprano llegará su hora, y perseguida por un batallón de sentimientos negativos, miedo, decepción, egoísmo y abandono, decidí escoger el camino fácil y acabar con mis problemas. Cogí el móvil, y llamé a Jose, apenas pude pronunciar tres frases seguidas, sólo dije “No me mereces, te quiero, sé feliz. Adiós”. Y con el sonido de su voz en mi mente preguntándome qué pasaba, alcé los brazos, cerré los ojos y me dejé caer por el precipicio, siendo su imagen el único recuerdo que llevaría al cielo.

Estaba asustado, María había llamado para despedirse de mí y la había notado muy preocupada y con voz llorosa, ¿pero qué pasaba? Tenía un mar de dudas en la cabeza, así que cogí el metro y salí en su búsqueda, necesitaba tranquilizarla y tranquilizarme. Al llegar al pueblo Vilda, me encontré con un chico moreno de ojos verdes que limpiaba la piscina del apartamento donde se quedaba mi novia, al no abrirme la puerta, decidí preguntarle, me dijo que la había conocido hacia par de horas y que se había ido llorando como una loca en dirección sur, que la vio corriendo hacia una montaña.
Más preocupado todavía corrí siguiendo las indicaciones del joven, hasta que llegué a un precipicio. De repente miles de ideas me agolparon la cabeza y pensé lo peor, así que decidí asomarme y allí estaba su cuerpo, yaciente sobre una piedra. No pude aguantar y me puse a llorar, arrodillado sobre el borde del precipicio, gritándole a Dios tal arrebato, me quitó lo que más amaba. Bajé con cuidado hasta donde estaba ella, la cogí en brazos y la llevé al pueblo más cercano. Allí me tomaron por loco y me metieron en prisión, culpándome por un delito que yo no había cometido. Así que me esposaron y me quitaron todas mis pertenencias, menos una vieja foto de María que dejaron que colgara en mi celda. Y aquí estoy, una vez lo tuve todo, hoy no tengo nada, ahora mismo solo soy un cuerpo que día tras día permanece tras una foto, una duda en blanco y negro, que solo desea morir para reencontrarme con ella.

FIN

2 Comments:

  1. PepenTv said...
    k bueno! bonito, sigue así m encanta
    Silvye said...
    Muchas gracias por los animos Luis :D, me alegro que te guste jeje

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